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lunes, 18 de enero de 2016

2º ADELANTO - MARIPOSA CAPOERISTA, LILY PEROZO

HOLA MIS BOOKYS,ESPERANDO CON ANSIAS MARIPOSA CAPOERISTA (AUN NO ESTÁ PUBLICADA)... 
AQUI LES TRAIGO EL 2º ADELANTO QUE COMPARTIÓ NUESTRA MARAVILLOSA ESCRITORA LILY PEROZO EN SU PAGINA DE FACEBOOK...
ESPERO QUE LES GUSTE TANTO COMO A MI! 

Y COMO SIEMPRE LES DIGO SI TIENEN LA OPORTUNIDAD NO DUDEN EN COMPRAR LA SAGA DULCES MENTIRAS, AMARGAS VERDADES, LES ENCANTARÁ!




EFECTO DOMINÓ
Despues me dirán por qué decidí llamarlo Efecto Dominó
Elizabeth empujó a ese hombre que estuvo a punto de besarla, al parecer el calor y la conmoción la estaban enloqueciendo, porque iba a ceder al beso de un pobretón completamente desconocido, ni siquiera podía estar segura de que contara con una aceptable higiene bucal.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! —empezó a gritar para que el hombre que acababa de llegar supiera que estaban en ese maldito hueco.
Cobra resopló sintiéndose furioso y nervioso, una extraña mezcla que le arrebataba el control.
—¿Ahora te traes las citas al hueco? —preguntó Moreira acuclillándose al borde.
—Por favor señor, ayúdeme a salir de aquí, por favor… —Elizabeth se levantó con dificultad por el raspón en la rodilla y elevó la cabeza para encontrarse con un mulato de ojos claros.
Varios cordones dorados colgaban de su cuello y se balanceaban captando su atención, estaba totalmente segura de que no eran de oro, porque si lo fueran los delincuentes no lo habrían dejado llegar hasta ese lugar.
—Un momento señorita, calma… lamento mucho si mi amigo la ha decepcionado profundamente, algunas veces no funciona, pero es culpa del estrés… —hablaba el mulato tatuado cuando Cobra intervino.
—Moreira baja la escalera, necesito sacar a esta cacatúa de aquí.
Elizabeth volvió la cabeza hacia Cobra, dedicándole una mirada asesina, una que provocó que sus ojos se tornaran más grises que azules.
La ignoró completamente porque el decepcionado había sido él, hubiese preferido quedarse con la imagen de la niña preciosa e inalcanzable, atesorar esa personalidad que él mismo se había inventado y olvidar a la caprichosa e inmadura que estaba dando gritos como loca. 



Una escalera de madera descendió al hueco y Elizabeth se aferró inmediatamente a las barras, para salir cuanto antes de ese caluroso lugar, se sentía muy sucia, sudada y adolorida. Intentó escalar, pero el dolor en la rodilla le arrancó un sonoro jadeo, apretó fuertemente los dientes en busca de valor.
Cobra suspiró al ver que a ella se le haría imposible subir, pensaba que era más fuerte, más aguerrida, pero seguía confirmándole que era una niña mimada y le pulverizaba a la chica que había idealizado.
Él no iba a quedarse toda la vida en ese lugar porque no contaba con la paciencia suficiente, por lo que le llevó las manos a la pequeña cintura para ayudarle a subir, pero también disfrutaba del contacto con esa suave piel y tener junto a su nariz el perfecto culo de la mariposa que revoloteaba en sus sueños más ardientes.
—Moreira ayuda un poco, no solo te quedes mirando… está herida —pidió a su amigo que solo sonreía como un estúpido.
El mulato estiró uno de sus tatuados brazos y Elizabeth se aferró a la mano del fortachón, quien la haló, pero no era mucho lo que avanzaba, entonces sintió una grandes manos cerrarles las nalgas con fuerza e inmediatamente miró hacia abajo.
—¡No me agarres el culo! —exigió molesta por tal atrevimiento.
—Cobra no te aproveches —soltó una carcajada Moreira, evidenciando estar haciendo fuerza por sacar a la mujer.
—Está bien —la soltó sin aviso y por poco el peso de Elizabeth se llevaba consigo a Moreira al hueco.
—Mierda, mi brazo… lo vas a dislocar —dijo con los dientes apretados—. Suelta, suelta.
—No puedo, no puedo —Elizabeth movía los pies en busca de los peldaños pero no los encontraba, tampoco se soltaba de la mano masculina.
—Cobra ayuda, hijo de puta, ayuda —suplicó Moreira furiosamente sonrojando e intentaba soltar a la mujer, pero ella se le aferraba como gata a punto de caer a un pozo de agua.
—La única manera es agarrarle el culo a la señorita intocable.
—Está bien, agárralo… agárrame el culo, pero no lo aprietes —condicionó sintiéndose desesperada, no quería volver a sufrir la horrorosa caída.
Cobra que era el que estaba en la posición más ventajosa y menos sufrida, no pudo evitar divertirse con ese instante, como no lo había hecho en mucho tiempo, pero no sonrió, volvió a agarrarle el turgente culo a la mariposa y no respetó la condición, se lo apretó al momento de elevarla, sabía que era su primera y última oportunidad para tenerla de esa forma entre sus manos y no la desperdició.
Por fin Elizabeth salió de lo que para ella había sido lo más cercano al infierno e inhaló profundamente para llenarse los pulmones de aire fresco.
—Gracias, muchas gracias —le dijo al hombre de ojos verdes y labios gruesos—. Ahora debo marcharme, tengo que buscar a mi primo —se sacudió un poco el pantalón y se recogió el cabello, sosteniéndolo con las misma hebras.
Moreira se quedó alucinado ante la mujer que tenía en frente, llevaba puesto un pantalón de capoeira blanco sucio, muy sucio y manchado de sangre, pero lo dejaba sin aliento el perfecto torso marcado, incluso más definido que el suyo mismo, suponía que debía llevar una estricta rutina de ejercicios para que el vientre y los oblicuos se le apreciaran de esa manera tan tentadora. Sin duda alguna poseía un cuerpo fibroso, con una cara de querubín.
Si llevara el pantalón un centímetro más abajo, solo uno, tendría la complacencia de verle la piel del pubis.
No pasó ni un minuto para que Cobra estuviese a su lado y no consiguió imaginar de dónde su amigo había sacado a ese templo de mujer.
—Es mejor que vayas a tu casa, no puedes ir a buscar a tu primo, porque no avanzarás más de dos cuadras sin que caigas en manos de hombres realmente despiadados —advirtió Cobra.
—Ellos no te van a soltar el culo aunque se lo supliques —estuvo de acuerdo Moreira, ciertamente él tampoco lo haría, pero aún podía controlar sus instintos más carnales.
—No puedo largarme así como si nada… sin saber lo que pasó con Renato —dijo con nerviosismo y sus pupilas viajaban de un hombre al otro.
—Tendrás que hacerlo o arriesgarte a ser presa de narcos, posiblemente te venderían a los tratantes y pasarás por lo menos un par de años drogada y abusada.
Elizabeth tragó saliva, no podía creer lo insensible que era ese par, suponía que solo pretendían hacerla entrar en razón, pero vaya manera de hacerlo.
—Creo que tienen razón… —inmensas ganas de llorar provocaron que su voz pareciera que la estuviesen estrangulando—. Entonces mejor voy a la policía, ellos me acompañaran a buscarlos.
João y Cobra se miraron y negaron con la cabeza.
—No pierdas el tiempo porque no vendrán. ¿Tienes alguna manera de comunicarte con él? —preguntó Cobra llevándose las manos a la cintura, mientras intentaba disimular su minucioso escrutinio a la Mariposa.
—Cómo pueden estar seguro de que la policía no vendrá, su deber es ayudar a los ciudadanos.
—No vendrán —repitió João.
—No pueden asegurarlo, ni que fueran policías.
Ellos volvieron a mirarse y se alzaron de hombros de manera despreocupadas.
—No lo somos, pero si yo fuese policía no vendría —aseguró Cobra.
—Está bien —se giró y cojeando se encaminó a la salida—. Si la policía no viene por mi primo, mi papá y mi tío sí lo harán, y no puedo seguir perdiendo el tiempo —un remolino de lágrimas se le formó en la garganta producto del miedo y la culpa que la gobernaba.
—¿A dónde vas? —preguntó Cobra, mientras que João sin ningún disimulo le dejaba la baba en el culo.
—A casa, ¡quiero largarme de este espantoso lugar! —gritó con su andar irregular.
—Te llevaremos hasta un lugar seguro —Cobra le palmeó el pecho a Moreira para que saliera del estado de letargo en el que se encontraba mientras le miraba el culo a la Mariposa.
—No gracias, tomaré un taxi.
—No es seguro.
Los hombres avanzaron detrás de ella.
—Sé que nada aquí es seguro, ni siquiera ustedes lo son, así que ya déjenme en paz… les agradezco lo que hicieron pero ya no los quiero cerca.
—Déjala Cobra, deja que se joda —masculló Moreira, quien no iba a suplicar ser el guardaespaldas de esa desconocida.
—Si le pasa algo no podré con el cargo de conciencia —comentó siguiéndola con la mirada—. No sabe por dónde anda.
—¿Acaso tienes conciencia? —ironizó cruzándose de brazos—. Yo igual voy dormir como un bebé.
Elizabeth salió de esa construcción a medias, topándose con el callejón por el que habían entrado, miró a ambos lados, dudando qué dirección tomar, a la final se decidió por la derecha, caminó un par de cuadras por el reducido lugar y escuchaba algunos perros ladrar, también algunos gritos provenientes de las casas.
Se vio tentada a tocar a una de esas puertas para que alguien le prestara un teléfono para llamar a su padre y que viniera por ella, porque ya la tarde empezaba a caer, pero no estaba segura si detrás de esas puertas habitaba algún narcotraficante o algún tipo de delincuente.
Así que caminó otro poco hasta que vio a su izquierda una salida por donde estaban transitando varios vehículos, espontáneamente miró al cielo y agradeció a Dios. Apresuró el paso para llegar cuanto antes a la salida, algunas personas la miraban extrañada, sabía que se debía a su aspecto tan bochornoso, debía estar toda sucia y el pantalón manchado de sangre, lo que le recordaba que la rodilla le latía dolorosamente.
Se paró en la calzada a la espera de un taxi, no pudo evitar mandar a parar al primer auto con cartel disponible. Era un vehículo negro y anunciaba ser taxi con un cartón en el parabrisas.
No era seguro, pero debía arriesgarse, lo único que quería era salir de ahí cuanto antes.
Cobra no podía dejarla ir así, sabía que era peligroso, por lo que corrió por el callejón hasta la avenida y la vio justo cuando se subía al auto.
—¡Espera! ¡No te subas! —no le dio tiempo a detenerla, el auto había arrancado—. ¡Mierda! ¡Mierda! —Se llevó las manos a los rizos y corrió de regreso a donde estaba Moreira, pero antes de llegar ya su amigo venía en camino—. La muy estúpida subió a un auto sin placa —dijo casi sin aliento y desesperado—. No tenía una puta placa de identificación.
—Cálmate, déjala que se joda, intentamos ayudarla y no quiso.
—No, no puedo dejar que se joda, no puedo… no lo entiendes, por una mierda Moreira… ¿dónde está la moto?
—En el mismo lugar de siempre, ahí te la dejé —Ya él sabía que Cobra necesitaría las llaves por lo que se las sacó del bolsillo y prácticamente se las arrebató.
Cobra salió corriendo con todas sus fuerzas, sus pasos retumbaban entre los angostos callejones de Rocinha, tratando de esquivar cualquier objeto que pudiera lastimarlo, porque aún se encontraba descalzo y descamisado. Con el pecho a punto de reventar suplicaba que solo le diese tiempo para no perder al maldito auto, si pensaba llevarla a su casa, sabía exactamente qué camino tomar.
En menos de un minuto estuvo de vuelta en su guarida, sin pensarlo saltó dentro del hueco, cayendo acuclillado, levantó la goma espuma y del bolso que guardaba en ese lugar sacó una camiseta negra sin cuello ni mangas, en color negro con el Cristo Redentor estampado al frente, la que se puso en un parpadear y le quedaba holgada, asimismo se calzó una botas corte militar que estaban desgatadas por el uso. Rebuscó su pistola automática, con el ágil movimiento de la experiencia revisó que el cargador estuviese lleno.
Se levantó al tiempo que se aseguraba el arma entre el jeans y el vientre. Subió la escalera como si fuese un lince y salió corriendo, para ir en busca de la moto, no tenía tiempo para irse por los callejones, por lo que sin permiso alguno se saltó varios bahareques y atravesó patios, topándose en algunos con ropa colgadas en los tendederos, dejando a su paso los desaforados ladridos de los perros.
Elizabeth no pudo evitar asustarse cuando el hombre pasó el seguro a las puertas del auto, pero intentó mantener la calma, suponía que lo había hecho por seguridad. También se alentó a mantenerse tranquila cada vez que la miraba a través del retrovisor.
Pero no pudo seguir conteniendo sus nervios cuando el hombre codujo por un callejón por el que no había pasado el taxi que los había traído.
—Disculpe señor —luchó con todas sus fuerzas para que la voz no le vibrara, pero fue imposible—. Esta no es la vía, no es por aquí.
—Solo hemos tomado un atajo, a esta hora hay mucho tráfico —comentó el hombre que la miraba de manera insistente por el retrovisor.
¡Dios mío! No está tomando ningún atajo —pensó Elizabeth sintiendo que el corazón se le iba a reventar, sabía que era una estúpida, hubiese aceptado la ayuda del primate albino y su amigo el mulato.
No quería imaginar lo que iba a pasar con ella, quería hablar, tratar de entablar una conversación con el hombre para saber cuáles eran sus intenciones, pero no podía esbozar una sola palabra.
El corazón iba a ahogarla, se sentía mareada y le dolía el estómago, era como si tuviese una enorme piedra. Todas las clases de defensa personal y seguridad que su padre le había enseñado por años no funcionaban, su sistema nerviosos era un completo caos y ni siquiera contaba con la sangre fría como para atacar al hombre.
Llevó una de sus manos al botón para bajar la ventanilla, pero el cristal tintado no cedía, no descendía ni un milímetro.
—Se… señor —balbuceó intentando conversar con el hombre—. ¿Podría decirme la hora?
El hombre de espesas cejas y pronunciadas ojeras solo la miró por el retrovisor, después de un tiempo que Elizabeth no pudo contar y cuando pensó que no hablaría.
—No sé… —contestó al fin—. Pero debe faltar poco para las dieciocho —dijo con la mirada al frente.
—Gracias —su voz dejaba en evidencia lo nerviosa que se encontraba—. ¿Cuándo vamos a salir a la avenida principal? Creo que este atajo solo nos está llevando en sentido contrario —Miró a su alrededor y el paisaje era cada vez más aterrador, vio en una esquina a varios hombres drogándose sin ningún tipo de reparos y estaban armados—. Señor…
—Cálmese, solo quédese tranquila.
Elizabeth tenía los ojos a punto salírsele de las órbitas e inundados en lágrimas y mentalmente suplicó a su padre, lo quería, lo necesitaba desesperadamente, pero sabía que era imposible que pudiese acudir en su ayuda.
Cobra llegó a la casa donde dejaba guardando su moto Aprila, cada vez que iba a Rocinha, subió a ella y la puso en marcha, a la mierda el casco protector y los guantes, no tenía tiempo para buscarlos, solo agarró el escapulario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida “La Patrona de Brasil”, que colgaba de su cuello atada a un cordón negro y la besó con devoción.
La Aprila negra con dorado ronroneó entre sus piernas, mientras probaba el acelerador, lo que le llevó contados segundos, aflojó un poco el embrague y arrancó.
Salió a la angosta calle, donde poco a poco fue aumentando la velocidad en medio de los cambios, lo bueno de contar con una supermoto, era que no había terreno irregular que le impidiera avanzar.
La adrenalina corría desbocada por su sangre, el viento silbaba en sus oídos y movía furiosamente sus rizos cobrizos, mientras que su mirada buscaba atentamente el maldito auto negro que se había llevado a la Mariposa.
Se encontró con las primeras escaleras por lo que se incorporó para bajarlas con rapidez.
Inclinó su cuerpo hacia la derecha y bajó la pierna para cruzar y no terminar estrellado contra la pared, siguió por una pendiente y esquivó un par de autos.
Los minutos pasaban y no veía el auto, no importaba cuantos atajos usara, no divisaba el puto auto.
Elevó la parte delantera para acelerar, solo usando el caucho trasero, cayó sobre un charco de aguas negras que terminó salpicándolo, no pudo evitar maldecir a la política, al sistema y a todos los hijos de putas responsables de que hubiesen botaderos de mierda por todas las calles de las favelas.
Definitivamente el auto se había desviado y a él el corazón le golpeteaba fuertemente contra el pecho, se sentía culpable de lo que pudiera pasarle a esa chica, porque estaba seguro de que no le sucedería nada bueno.
Inmediatamente saltó a su memoria la primera vez que la vio, no podía tener más de quince años y era la poseedora de la sonrisa más linda y tierna que alguna vez hubiese visto. Pasaron algunas horas de desmedido anhelo para que fuese consciente de que estaba jodido, porque una niña no podía atraerle de esa manera, no de manera carnal, pensó que tal vez se empezaba a despertar en él algún tipo de parafilia, que empezaría a obsesionarse con niñas y hasta dejó de visitar a su familia por un tiempo, pero eso no sucedió. No hubo otra que llamara su atención, solo pensaba en la sonrisa de esa jovencita de la que no sabía absolutamente nada, pero de la que poco a poco se encargó de saberlo todo.
Pensó con rapidez a dónde podrían llevarla, si eso no era un taxi común, era un delincuente en busca de dinero.
—La llevará a la zona roja —aseguró.
Giró bruscamente a la izquierda para cambiar su destino, agradecía al cielo que se conocía a Rocinha como la palma de su mano, aprovechó los angostos laberintos para ganar tiempo y tratar de adelantar al auto.
Caminos de tierras empinados, metros y metros de escaleras, aguas negras, barro… de todo eso encontraba en los atajos que recorría a la velocidad que podía mantener para no estrellarse, ni tampoco para ser víctima de un atraco por parte de las peligrosas bandas organizadas que imperaban en el sector.
Se lanzó sobre una plataforma de concreto que servía de techo para varias casas y de un nuevo saltó se integró a la vía principal.
Sintió que el alma le regresó al cuerpo cuando vio el auto negro, estaba seguro de que no podría rebasarlo porque no había el espacio suficiente, volvió a adentrarse por los callejones, con el único objetivo de adelantarlo.
Calculó la distancia suficiente y volvió a salir a la vía principal, un par de cuadras adelante del auto.
Detuvo la moto en medio del camino y se bajó al tiempo que sacaba la pistola, caminó con decisión hacia el auto apuntando directamente al conductor.
—¡Para! ¡Para! —exigió a punto de grito, pero el hombre seguía avanzando. Estaba seguro de que no le importaría llevárselo por delante por lo que sin titubear disparó al neumático delantero izquierdo.
Elizabeth no lo podía creer, se sentía salvada o tal vez no, ya no sabía nada, presa de los nervios empezó a llorar y gritó cuando la detonación resonó. Se llevó las manos en la cabeza y se tiró sobre el asiento para evitar salir herida.
Cuando el auto bajó la velocidad por la irregularidad del neumático, Cobra corrió y de un ágil brinco subió sobre el capó, sin dejar de apuntar al maldito conductor, consiguiendo que se detuviera.
—Abre las puertas ahora, hijo de puta… ¡abre!... —exigió al ver que el hombre no cedía—. ¿Quieres que te deje irreconocible para el funeral?… ¿Eso quieres? —pateó con el talón el cristal delantero en varias oportunidades consiguiendo resquebrajarlo.
—¡Dios mío! ¡Dios! —gritaba Elizabeth en medio del llanto, al tiempo que tiraba de la manilla pero la puerta no cedía, el conductor no le quitaba el seguro.
El hombre no se dejaba intimidar por Cobra, ya se había enfrentado a varios delincuentes y su sangre se espesaba cada vez más, buscó rápidamente la navaja que escondía debajo de una camiseta que tenía al lado, giró medio cuerpo y se aferró a los cabellos de Elizabeth.
Ante el tirón a sus cabellos la chica empezó a manotear para liberarse, consiguiendo golpearlo un par de oportunidades en la cara.
Cobra no quería arriesgarse a que el hombre hiriera a la Mariposa, por lo que rápidamente brincó y corrió a la puerta del conductor, sin parpadear pateó la ventanilla que era más frágil, haciéndola añicos, con toda la ira que lo gobernaba agarró al hombre por los cabellos.
—¡Te dije que abrieras las putas puertas! ¡Suéltala! ¡Suéltala! —halaba al hombre por los cabellos, pero él seguía aferrado a los de Elizabeth.
No iba a seguir en ese estúpido forcejeó brindándole oportunidades a un parásito, sin pensarlo le disparó justo a la rodilla izquierda.
El hombre ante el dolor soltó a Elizabeth y la navaja, para presionarse donde la bala se le había incrustado, pudo sentir como le había atravesado la rótula.
—Ya no volverás a secuestrar a nadie… —le agarró la cabeza y se la estrellaba una y otra vez contra el volante, mientras el hombre bramaba en medio del dolor y Cobra era un toro embravecido que no conseguía ver más allá de su objetivo.
—Ya por favor, Cobra para ya… sácame de aquí, por favor —suplicaba Elizabeth al verlo enceguecido por la ira, al parecer iba a matar al hombre que tenía todo el rostro ensangrentado.
Cobra respiró profundamente para calmarse y desde el comando del volante desactivo el seguro de las puertas.
Elizabeth bajó y salió corriendo, lo hizo en sentido contrario a Cobra porque verdaderamente estaba aterrorizada ante la actitud tan agresiva por parte de él y solo anhelaba huir.
Cobra corrió, alcanzándola a los segundos y la agarró por el brazo, prácticamente llevándola a rastra.
—Te llevaré a un lugar seguro, ya deja de exponerte… no hagas más estupideces —exigió con dientes apretados, al tiempo que se guardaba la pistola
Al llegar a la moto subió y con un solo brazo le envolvió la cintura, sin el mínimo esfuerzo la elevó y la sentó ahorcajadas de frente a él, sintiéndola más cerca que nunca, piel contra piel, latido a latido.
Sabía que no podía quedarse un minuto más en ese lugar, porque era peligroso para ambos, las personas empezaban a asomarse por las ventanas para saber qué había pasado, ya que ante la primera detonación todo el mundo se había encerrado como se acostumbraba en las favelas.
—Aférrate —le pidió y la moto rugía.
Elizabeth cerró con fuerza la cintura de Cobra y enterró el rostro en el pecho, todavía seguía temblando y los latidos iban a hacerle estallar el corazón en mil pedazos, sentir el arma contra su vientre no le ayudaba a que los nervios mermaran.
No era primera vez que veía una, de hecho sabía perfectamente cómo usarla, pero nunca lo había hecho más allá de un polígono.
Sus muslos estaban encimas de los de Cobra y podía sentir los fuertes músculos esforzándose por mantener el equilibrio de ambos. La moto arrancó y cerró los ojos con fuerza, solo quería abrirlos y aparecer en su casa, mientras sentía las irregularidades del terreno y el hierro caliente lastimar su trasero.
En varias oportunidades él maniobraba la moto con una sola mano y volvía a cerrarle la cintura con el brazo, envolviéndola con su calor, haciendo polvo los centímetros que los separaban, era como si desesperadamente quisiera asegurarse de que la llevaba con él.
Después de varios minutos de andar por las calles de la favela, sintiendo el corazón de Cobra golpetear contra su frente, así como la pesada respiración, se detuvieron y ella fue consciente del sonido de vehículos, estaban en una calle mucho más transitada.
—Todo va a estar bien, sé que estás muy nerviosa… —decía mientras el ronroneó de la moto los hacía vibrar un poco a ambos—. No vuelvas a pisar nunca más una favela, no te arriesgues de esta manera —subió su mano recorriéndole la espalda y le acarició los cabellos, reacomodándole un poco la maraña enredada de hebras castañas.
—¿Lo has asesinado? —preguntó despegando su frente del caliente pecho y lo miró a los ojos grises, estaban mucho más claros parecían dos gotas de mercurio, tenía un poco de sangre en la frente, quiso quitársela pero temía que reaccionara de manera violenta, mientras seguían esperando a que el semáforo cambiara de color.
Inevitablemente eran el centro de miradas de muchos curiosos, percatándose en ese momento de que ninguno de los dos llevaba casco protector y que se estaban burlando descaradamente de las leyes de tránsito, al estar sobre una moto de esa manera.
—No, lamentablemente no lo hice.
—La policía va a atraparnos, mis huellas quedaron en el auto, van a relacionarme —sollozó sintiéndose temerosa. Cómo le explicaría a su padre sobre eso, no quería ir a prisión.
—Ese hombre no va a ir con la policía porque no le conviene, y la policía mucho menos llegará a ese lugar, así que puedes estar tranquila —le dijo para que dejará de angustiarse.
Tenía la certeza de que con la ley no tendrían problemas, pero que tal vez él había firmado su sentencia de muerte, no estaba seguro de si ese hombre pertenecía a alguna red organizada de tratante de blancas, si era así, lo buscarían y le harían pagar lo que había hecho.
Ella podría regresar a Nueva York sin ningún inconveniente, el dinero de su familia la protegería, pero a él nadie podría brindarle protección.
Atravesaron la calle y se detuvo donde habían algunos puestos con vendedores ambulantes de tapiocas, frente a varias tiendas, en su mayoría, atendidas por inmigrantes de los países de Oriente.
La bajó sin el mínimo esfuerzo, él también desmontó, la tomó por la mano llevándola con él, como si ciertamente entre ellos existiera algo más allá que la serie de fortuitos sucesos que los habían llevado a ese lugar.
—Roberto ¿cómo estás? —saludó a uno de los hombres de la venta de tapiocas.
—¡Cobra! Hermano, que alegría verte por aquí —saludó dándole un abrazo—. Bien, muy bien… trabajando para llevarle la comida a los hijos.
Elizabeth sentía las piernas algo entumecidas, además del dolor en la rodilla que no parecía cesar e inconscientemente se aferraba a la áspera mano de Cobra, él le brindaba un agarré protector, lo hacía para que no se le escapara y aunque sentía el miedo latir en cada célula de su ser no quería escapar, no quería que él la soltara.
—Roberto necesito un favor.
—Solo habla.
—Podrías prestarme tu celular, necesito hacer una llamada.
—Sí claro —el hombre buscó en el bolsillo de su pantalón el teléfono móvil y se lo ofreció a Cobra.
—Gracias —lo agarró y se alejó un par de pasos, llevando a la Mariposa con él, dejando libre el espacio para que Roberto pudiese atender su puesto de tapiocas—. Llama a tu primo —le dio el teléfono.
Elizabeth miró el aparato y miró a Cobra, no estaba indecisa, sino sorprendida por el amable gesto de ese hombre, que le estampaba en la cara que verdaderamente quería ayudarla.
—Gracias —musitó con la mirada en la fuerte mano que le ofrecía el teléfono.
Él le regaló una caía de párpados alentándola a que no lo dejara con la mano tendida.
Elizabeth lo agarró y paseó con sus dedos pulgares por la pantalla.
—¿Pasa algo? —preguntó llevándose las manos a las caderas al ver que ella no hacía nada.
—No me sé el número de mi primo —confesó en voz baja, sintiéndose algo avergonzada.
—¿El de tu casa? —preguntó y ella negó con la cabeza—. El de tus padres, tus hermanos. —Ella volvía a negar y se mordió el labio.
Se quedó mirando a la pantalla sintiendo que la impotencia la gobernaba, tal vez debía pedirle a Cobra que la llevara a su casa, porque verdaderamente la sola idea de subirse a un taxi la llenaba de pánico, pero no quería aparecerse en esas condiciones en su casa y mucho menos sin Renato del que no sabía absolutamente nada.
—¡Que estúpida soy! —exclamó como si hubiese estado olvidando algo realmente importante—. Renato tenía mi teléfono, es el único número que recuerdo.
—Es necesario que siempre recuerdes algún número de emergencia —le recomendó y estaba atento a cada digito que ella marcaba.
Elizabeth esperaba escuchar la voz de Renato al otro lado de la línea o al menos la de alguien conocido. Después de varios repiques nadie respondió.
—Intenta una vez más —alentó Cobra y miró a ambos lados, atento a cualquier peligro, sabía que aunque se hubiese alejado lo suficiente de la zona roja, si querían encontrarlos lo harían sin ningún inconveniente.
Elizabeth volvió a marcar, mientras esperaba que alguien atendiera la llamada, ancló sus mirada en el hombre frente a ella, quien miraba a su derecha, lo notaba algo preocupado o tal vez ya se estaba hartando de su papel de salvador y quería deshacerse de ella cuanto antes.
Una vez más sus reflejos eran demasiado lentos para la rapidez de Cobra y se la pillaba observándolo, tragó en seco para armarse de valor y no desviarle la mirada, él tampoco lo hizo, siguió mirándola sin ningún disimulo. Sus pupilas viajaron a los labios masculinos e internamente se recriminó no haberle permitido que la besara, suponía que contaba con una excelente higiene bucal, lo poco que había podido apreciar de sus dientes se mostraban sanos y el aliento era cálido y agradable.
—Hola —se dejó escuchar la voz estrangulada de Renato al otro lado, haciendo polvo la fantasía de Elizabeth, que anhelaba perderse en esa boca de delgados y masculinos labios.
—¡Renato! Renatinho ¿estás bien?
—Eli… Eli ¿estás bien? ¿Dónde estás?
Los primos hablaban al mismo tiempo, evidenciando la desesperación que los embargaba.
Cobra carraspeó para pasar esa extraña mezcla de nervios y excitación; retrocedió un paso para permitirle un poco más de espacio a la Mariposa.
—Sí… sí estoy bien, no… no me hicieron daño —respondía al alterado interrogatorio de su primo—. Un capoeirista me llevó a un lugar seguro. —Miró a Cobra y le sonrió, él no correspondió, su rostro pétreo no demostraba ninguna emoción, llevaban juntos más de tres horas y no lo había visto sonreír ni una sola vez.
—Gracias al cielo, Elizabeth primera y última vez que pisamos un lugar como ese… todo fue tu culpa, pudimos salir lastimados o haber muerto —reprochó con aspereza y desesperación—. Casi muero de la angustia, ni siquiera pensaba volver a la casa, hasta pensé en suicidarme antes de aparecer sin ti.
—Lo siento Renato, lo siento mucho… —Se mordió al el labio para contener las lágrimas que se la arremolinaron en la garganta ante la culpa que la invadía—. Solo quería ver una roda de verdad, quería luchar con buenos capoeiristas. —Bajó la mirada sintiendo vergüenza de que Cobra descubriera la verdadera razón de porqué estaba en Rocinha, porqué se había expuesto de esa manera.
—Bueno olvídate de eso, dime dónde estás, iré por ti —preguntó al escuchar la voz abrumada de su prima, estaba completamente seguro de que se había aterrado tanto como él, ante la experiencia vivida.
—Estoy a las afueras de Rocinha, eso creo —Miró a su alrededor para ver si encontraba algún punto de referencia más allá de la mueblería que tenía enfrente.
—No te muevas de dónde estás —le exigió y le solicitó al taxista que lo regresara a la favela.
—Está bien, te esperaré aquí. —Estuvo de acuerdo ella, pero Cobra empezó hacerle algunos ademanes de negación—. Espera un momento Renato.
—Aquí no, dile que te busque en el Forte de Copacabana —dijo en voz baja—. Es más seguro.
—Renato mejor veámonos en el Forte de Copacabana. —Aceptó Elizabeth, mientras Cobra le hacía señas pidiéndole que le informara que él la llevaría—. El capoeirista que me rescató me llevará —Al decir eso Cobra asintió.
—Eli no quiero que te arriesgues, ¿es confiable ese hombre? Podría llevarte a otro lugar.
—Sí… sí es confiable, me ha sacado de la favela y ha prestado un teléfono para que podamos comunicarnos.
—Confío en tu instinto, nos vemos en un momento. Ten cuidado.
—Lo tendré, me alegra saber que estás bien… pensé que algo malo te había pasado.
—Te aseguró que tu angustia era mínima comparada con la mía.
—Lo siento… Renato no quiero abusar, el teléfono es prestado.
—Está bien, nos vemos en el Forte.
Elizabeth finalizó la llamada sintiendo que acababa de despertar de la más horrorosa pesadilla, liberó un suspiro como fiel muestra de esa tranquilidad que la embargaba.
—Vamos. —Él volvió a agarrarla de la mano y la llevó de vuelta hasta el puesto de tapiocas donde le regresaron el teléfono al dueño; ambos agradecieron la gentileza del hombre.
Cobra subió a la moto y volvió a agarrarla por la cintura, envolviéndola con su brazo como si tuviese total poder sobre ella, provocando que un abismo se abriera en la boca del estómago de Elizabeth, él pretendía subirla a la moto, pero ella no podía permitirlo, el pánico había cesado, la adrenalina había bajado sus peligrosos niveles, por lo que ahora sí podría ser consciente de la manera nada convencional en la que iba en una moto con un total desconocido.
—No, espera… ¿puedo ir atrás? Es que creo que delante y en esa posición podríamos estrellarnos.
—Como prefieras, pero te aseguro que no vamos a estrellarnos, llevarte sentada sobre mí no me hará perder el control.
Eso decepcionó un poco a Elizabeth, quien por un momento anheló hacerle perder el control, deseó poder sentarse sobre ese hombre y que enloqueciera. Suspiró para controlar sus deseos alterados por las emociones vividas y subió a la moto, detrás de él, no pudo evitar que sus manos se escabulleran por dentro de las holgadas mangas de la camiseta que dejaba al descubierto los costados de Cobra y le cerró el torso, deleitándose con la caliente y firme piel de él. .
Cobra se maldijo porque la piel se le erizó íntegramente y antes de que ella pudiese darse cuenta del bochornoso espectáculo que protagonizaban los vellos de sus brazos, arrancó, tomándose la libertad de ir mucho más rápido.
Al salir del túnel Zuzu Ángel tenían los oídos casi tapados, todo a su alrededor se escuchaba como un lejano zumbido y los autos que sobrepasaban se convertían en borrones de varios colores.
Cobra eligió toda la vía de la costa para llegar más rápido a su destino, aunque realmente no quería llegar, no quería dejarla por deseaba que la única oportunidad que había tenido no se esfumara tan rápido.
El viento agitaba con fiereza los cabellos de Elizabeth, su cuerpo estaba en total tensión por encontrarse aferrada a ese hombre, ni siquiera era plenamente consciente de que disfrutaba de las suaves cosquillas que le provocaban a las yemas de sus dedos los vellos del fuerte pecho masculino, hasta se había familiarizado con el retumbar de ese apresurado corazón.
El majestuosos paisaje costero que había visto durante toda su vida, por primera vez no captaba su atención, absolutamente nada lo hacía, estaba aturdida, era como una gran nube blanca que le vetaba la razón. Solo podía sentir la fuerte espalda contra sus senos y por instinto presionaba fuertemente sus muslos contra las perfiladas y poderosas caderas de Cobra.


"Lily Perozo: Todos los derechos reservados.

31 comentarios:

  1. Ay Dios lo quiero leer!!!! Me encantaaaaaa!! Gracias por el adelanto Mary!!!

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  2. Si por favor!
    Yo tambien me muero por leerlo! jajaja
    SUPER FAN DE DMAV!

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  3. Me encanta tu blog pero hace tiempo te estoy preguntando cómo puedo descargar los libros y nunca resivo respuesta, o son solo para leer la sinopsis ???

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  4. si, tienen el libro me lo puedes mandar porfavor!! este es mi correo.
    barbara.pena.c@gmail.com
    GRACIAS

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  5. Hola acabo de encontrar este blog y me encanto. ley toda la saga de Dulces mentiras pero no sabia de este libro me lo podrías mandar por favor.
    Este es mi correo: mariannysdelvalleaguilera@gmail.com
    Gracias...!!!

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  6. SUPER.. DONDE CONSIGO EL LIBRO?? SOY DE BAJA CALIFORNIA MÉXICO Y YA ME DISTE ALAS... POR LO PRONTO SI PUBLICAS EL CAPITULO 3,4,5,6,7..... ESTARÍA SUPER FELIZ!!

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  7. Hola!!1 me podrias enviar el libro o decirme como lo puedo conseguirmi correo es guajira3011@gmail.com

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    1. Hola, perdona que te moleste, te pudiste conseguir el libro?

      No lo logro encontrar en ninguna parte. Mi correo es jcanaves@gmail.com

      Muchas gracias,

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  8. hola buen dia,,,, dese mexico. podria decirnos cuando sale mariposa por favor mueroo por elllos.... besos

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  9. Hola, Mary! Alguien sabe hijo de quien es Renato? No le recuerdo.

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    1. Es hijo de Ian, su hermano mayor es "el pequeño Ian"

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  10. Hola, es primera vez que os escribo... me he leido todos los libros de dulces mentiras, amargas verdades. Ahora me falta mariposa Os ruego el favor si aguin sabecapoeristaaguine la puedo comprar o descargar. Gracias

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  11. Hola, es primera vez que os escribo... me he leido todos los libros de dulces mentiras, amargas verdades. Ahora me falta mariposa Os ruego el favor si aguin sabecapoeristaaguine la puedo comprar o descargar. Gracias

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  12. Hola, sí tienen el libro me lo pueden mandar por favor que no lo puedo conseguir mi correo es nerak.a1190@gmail.com

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  13. Me gusta mucho el libro ya lo he leido y eToy esperando la segunda parte de Mariposa pues nos a dejado Lily sin ningun anticipo de la segunda parte tengo ganas de leerla también se que habrá otro libro de los sobrinos y hijos harte y lo que no se cuando estarán 3 libro muchos besos

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  14. Hola, acabo de leerme la saga dulces mentiras amargas verdades. Me falta Mariposa
    Alguien que me ayude a conseguirla porfis
    Gracias

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Tengo el pdf, si quiere te lo puedo enviar.

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    3. Hola Isabel podrías enviarme por favor farahamarante@gmail.com
      mil gracias!

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  15. Hola alguien me podría pasar mariposa capoeirista ya me leí todas y me muero por leer esta porfi quien me la pueda pasar lincaryto2@gmail.com

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  16. He terminado de leer mariposa capoeirista y no lo creo hay segunda parte por Dios creo que me va a dar algo no lo sabía!!!...Siguen sabe para cuando sale la segunta parte...Con gusto paso la saga es la mejor nany.sylvester@gmai.com

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    1. Quede igual, lamentablemente todavia no esta la 2da parte, sigo a la escritora en facebook y dice que ya la esta escribiendo, pero todavia no hay fecha de publicación.

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  17. Aun no salio 2da parte de mauriposa capoerista...?

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  18. Hola alguien sabe cuando sale El Segundo libro de Mariposa capoerista, por favor denos noticias

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    1. En su pagina de facebook, lily subio un adelanto de la 2da parte, pero todavia no a dado fecha fe publicación, te animo a seguirla en su pagina, para que te mantengas informada.

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